Ya estaba cayendo el otoño, cuando llegaste a mí. Nos besamos con una leve caricia, y más tarde, apilamos esas flores que yacían amortiguadas en el jardín.
Atropamos dos leños y juntos, abrimos aquella chimenea muda de fuego, durante tanto tiempo.
Cogimos caracoles del lugar cercano y les dimos indulto, para que su gozo fuera pleno como es hoy, el nuestro.
Nos reímos juntos con esa sintonía que da la risa, al sabernos caracoles de nuestra propia historia.
Atropamos dos leños y juntos, abrimos aquella chimenea muda de fuego, durante tanto tiempo.
Cogimos caracoles del lugar cercano y les dimos indulto, para que su gozo fuera pleno como es hoy, el nuestro.
Nos reímos juntos con esa sintonía que da la risa, al sabernos caracoles de nuestra propia historia.
3 Les gustó:
En esa sintonía de la risa..
Me gusto mucho..
Un abrazo
Saludos fraternos...
Saberse caracoles, debe de ser una experiencia muy especial.
Bonito recuerdo.
Gracias por tu visita y palabras.
Adolfo: Gracias, amigo.
Eres muy majo y además muy poeta.
Un abrazo.
Mistral: No. No se saben caracoles. Es la vida sentimental de los protagonistas, que parece ir lenta. Como los caracoles.
Gracias a ti.
Un abrazo.
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